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Otros poemas



M.A.B.


A Máximo Avilés Blonda, in memoriam. Publicado por primera vez en el Listín Diario, en ocasión de la muerte del maestro.


"El angel se acercó mientras dormía...
puso su mano en mi garganta y dijo:
ya estás sano”.
Palabra de Avilés.

Mintió apenas el ángel que anunció la esperanza.
Con velado pudor hablaba de la Muerte,
de aquel otro camino que es Luz
y que es Verdad...
y es Vida.

No lloréis a este hombre.
Pensad
que crecer es un poco morir desde el comienzo,
que es prueba de teologal virtud sufrir
para el que espera...
Pues, ¿no es la pena llave de secreta puerta,
más secreta que aquella donde Kaddath
-sinuosa-
se esconde a los que sueñan?
¿No es la vida pasión como la muerte?

Mirad, llueve de nuevo. Es mayo.
Como flor
-Lirio del Valle, Duende, Madreselva-
su palabra renace
y como lluvia
su palabra nos anega
bajo el manto de su Dulce Señora nazarena...


que de sentir las nubes, los aromas del agua,
hubiera dicho:
"es el ozono..."
y habría en su voz el trueno que a lo lejos estalla,
la discreta fragancia de los guijarros y de las raíces,
el roce del relámpago en el aire...

Sé que habría en su voz
(que no acalla la quietud ni la carroña,
ni la guadaña vieja del misterio)
el terco pasar de los ríos,
las órbitas de Venus y Saturno
sobre el pino que fue arbolillo florecido en Pascuas...

No lo lloréis.
Recordad que nada bueno y verdadero hay sin dolor:
ni primer día,
ni sorprendente estrella,
ni caracoles o semillas,
ni preñada nube de tormenta o madre
o flor sobre la tierra,
ni verdadero amor...
Tampoco renacer detrás del tiempo.

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FIN DE UNA BÚSQUEDA

Fin de una búsqueda fue publicado por primera vez en los Cuadernos Literarios del escritor dominicano Diógenes Céspedes.


A H.P. Lovecraft, in memoriam.

"¿Quién conoce Kadath?
¿Quién ha de conocer
la que se encuentra en un curioso tiempo
entre ayeres, presentes y mañanas?”
Abdul Al-Hazred (El Necronomicón, XIII)

La has visto en más de un sueño,
en más de un sueño ha muerto con todos sus durmientes.
Kadath está perdida entre mil albas.
Sus campanas se desvanecen la niebla
de espectrales torres.
No hay caricias de amor en sus terrazas;
el ónix de sus parques no ha sentido el furtivo eco de los besos.

En Kadath no hay latidos,
no hay lamentos.
El recuerdo olvidado de dioses y demonios
duerme en templos de impecable quietud
donde no implora nadie.

Kadath no tiene tumbas para los porvenires
de fugaces durmientes.
Sólo el fulgor mortal de sus ocasos
o quizás,
una palabra desconocida, nueva,
impronunciable.

Kadath yace entre sombras.
No renace la aurora en sus jardines,
ni se esfuman en brumas sus caminos
entre umbrales nocturnos.
Azul,
sólo la cubren los reflejos de lunas
y balcones insomnes.

La buscarán en vano otros mortales,
presentirán sus calles desde las altas rampas
que ciernen soledades;
divisarán el mar sin olas ni murmullos
que inmóvil la refleja.
Jamás encontrarán sus bulevares.

No escuches el insidioso dios,
el deslizante caos,
el mensajero.

No ceses de soñar los alminares,
las fuentes, las colinas.
No despiertes ¡Oh mortal durmiente!
Más agreste que el suelo es la vigilia,
más atroz que el espacio,
el insaciable tiempo.

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La Oda al Bosque fue escrito para mi amiga, la extraordinaria intérprete Mariadalia Herández, la versión en inglés fue publicada en 1999, en el Jakarta Post en Indonesia.



ODA AL BOSQUE

¿Dónde nace la vida?
¿Dónde la magia que transforma los ropajes del fuego
en carne que palpita,
en sangre que se escurre,
en beso que renace,
en árbol que se yergue,
en pastizales que sueñan la pradera,
en un latir común
como savia de toda la foresta?

¿Quién afirma estar solo?
¿Quién ignora que muere en cierta forma
-inmensamente verde-
cuando fallece el bosque?

¿Quién no sabe que sangra
cuando el árbol perece bajo el hacha o el fuego?

¿Quién dice que no sueña
cuando la selva duerme bajo un manto de niebla
como sabana grande de silencios?


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ODE TO THE FOREST

translated by Amanda Livoti

Where is life born?
Where the magic that transforms the robes of fire
into palpitating flesh,
into flowing blood,
into a kiss reborn,
into a tree arising,
into the meadows that dream of pastures,
into one common pulse
like the sap of the entire forest?

Who affirms his solitude?
Who ignores that somehow he dies
-immensely green-
as the forest expires?

Who does not know he bleeds
when the tree perishes under the ax or flame?

Who says he does not dream
when the jungle sleeps under a mantle of fog
like a great sheet of silence?

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