"Quisiera repetir, cosa que hay que hacer mucho en países
como el nuestro que a veces carecen de memoria...
Del espíritu y no del cuerpo es la palabra. Y la palabra es lo mas certero, lo mas firme y preciso para la denuncia,
la proclama,
la protesta...
”
Máximo Avilés Blonda
Entre México y Nueva York
Una ciberentrevista de Sophie Maríñez
Del Verbo que creó la Luz a las señales estáticas y electrónicas por las que pasaría millones
de años más tarde la propia corriente del pensamiento creado, de la palabra a la cibernética,
hoy, si nuestros poetas ganan premios en el extranjero, amén de los nacionales, sus lectores
saltan entonces las olas antiguas del mar y del tiempo para disfrutar de una conversación dada
en tiempo real, por medios escritos, sin un ápice de voz entre los interlocutores.
Todo sucedió cuando, desde Nueva York, recibimos la noticia de que el Premio Nicolás Guillén de este
año se había concedido a nuestro amigo de décadas, Juan Carlos Mieses. Escritor dominicano por el momento
residente en México, autor de exquisitos poemarios como "Urbi et orbi" (1983), "Flagellum Dei" (1985),
-ambos ganadores del Premio Siboney-, "Gaia", merecedor del Premio Pedro Henríquez Ureña 1991,
"Absolución de l'èterne... Messatges" (en castellano y languedoc, 1995), "Aquí el Edén" (1998) y
"Desde las islas", ganador del Premio Nicolás Guillén 2001. Hacía años, habíamos leído algunos
de ellos, pero nunca bajo la luz con que se miran las palabras después de ciertas experiencias,
cuando el cariño por ellas se vuelve más profundo y cuando se ha templado el respeto por el genio creador.
Ahora bien, es de uso común entrevistar a las personas directamente,
viéndoles la cara, las expresiones del rostro, grabando la voz,
anotando los detalles que van a describir la personalidad de alguien,
con la ambiciosa intención de revelar algo de esa experiencia que ha sido conversar
con alguien que no se conocía antes. Sin embargo, al enterarnos de la noticia, las ganas
absorbieron las limitaciones de la distancia y recurrimos, por qué no, a lo que cada vez más,
con menos vergüenza que nunca, usamos todos: el informal correo electrónico y el popular ICQ
(yo te busco, por el sonido de sus siglas en inglés). Entonces llega el encuentro de
dos ventanas en blanco que se van llenando de palabras, el sonido peculiar de aviso
de los mensajes, las risas escritas, los símbolos y demás artilugios cibernéticos;
y no podemos decir nada de cómo iba vestido nuestro entrevistado, pero sí sabemos del entusiasmo, el calor, los matices.
Juan Carlos Mieses es escritor privilegiado: poesía, teatro, espectáculos populares,
cuentos y novelas conforman su cuadro de producción. Vivencias le sobran, en el país
y en el extranjero. Sin embargo, son el "savoir-vivre", el ingenio, el espíritu lúdico,
y el "charme" o encanto con que observa las cosas de la vida, los que hacen de él un ser exquisito per se.
"Urbi et orbi", su primer poemario, por ejemplo, brilla por la espontaneidad con que
trata el tema de la relación con Dios, la atracción por el génesis del universo y su relación
con ciertas palabras. Si la palabra "beso" surge con frecuencia, en ella se percibe la intención de
fugacidad y sensualidad a la vez, brevedad y suavidad. Y es entonces cuando la constatación de la
existencia de Dios, aunque placentera, provoca la sensación de que contiene una sutil ironía, casi
una burla de Dios. Quizás por ello sorprende, quizás por ello agrada. Luego están "Gaia", que
encanta por sus versos ("la Vida/ ola de carne dolorosa y breve"), y "Flagellum Dei", la historia
de un guerrero vencido, que resulta ser el "malo de la película" porque, probablemente, no pudo
contar su versión. El más reciente, "Desde las islas", ganador del Premio Nicolás Guillén, es
recurrencia de una obsesión, la del génesis, y escrutinio de nuestra identidad y formación como nación.
Inicias "Desde las islas" con una gran pregunta, pasas por los distintos avatares étnicos, las raíces de nuestra historia, los iconos tripartitos... y concluyes con una gran respuesta. ¿Es realmente la respuesta que das como poeta o es, como dicen otros escritores, un intento de entender el sujeto de la pregunta (el cosmos, nosotros, el yo)? ¿No es demasiado pretencioso declarar que se tiene una "respuesta"? ¿O es que su contenido es en sí, no sólo parte del poema, sino un gran acto de poesía?
Tienes razón, es un acto de poesía, no podría ser de otro modo. La búsqueda de una definición del hombre antillano y del dominicano en particular siempre ha rondado mi espíritu. Ese libro es una visión de cinco siglos de avatares, como tú dices, es una palabra adecuada para señalar la evolución de nuestra Historia. Yo no tengo respuestas, al menos no en el sentido estricto, sólo preguntas como todo el mundo. Es verdad que nos aferramos a algunas certezas para poder flotar en este mar de dudas que nos arrastra, por ejemplo, la idea del universo como una entidad espiritual de la cual formamos parte. Ese es uno de los temas que desarrollo en "Gaia", y de cierta manera, en "Desde las islas".
"Aquí, El Edén", el acto de la poesía es reflejo de la contradicción entre una cotidianidad dura, un batallar incesante contra las adversidades del clima, el tráfico, el cansancio y alguien que todavía se percata de la existencia de los atardeceres "y las nubes rotas", el canto de los pájaros, las caricias de la brisa y otras bendiciones de la vida. ¿Será que la poesía es un privilegio inalcanzable, como una joya del pensamiento que pocos tienen la energía, el tiempo o las ganas de escudriñar y de desear para sus vidas? ¿Será ése el sino trágico de la poesía? ¿O es que el mayor acto de poesía es vivir la vida tal como nos la mandan, sin grandes pretensiones, sólo a la espera de lo que nunca llegará? Entonces, así vistas las cosas, me pregunto, ¿qué es Poesía?
Es cierto que la preocupación fundamental de "Aquí, El Edén" es la contradicción entre, de un lado, la deslumbrante belleza del mundo y del otro, el duro batallar de todos nosotros por la supervivencia física y espiritual que nos dificulta el disfrute de esos dones. Hablo del disfrute de la belleza, no de la poesía, que es un quehacer, una actitud, una forma de arte. Tal vez la poesía sea el privilegio de unos pocos, no así el contacto con la magia del universo. ¿Acaso ver, oír, tocar, no son milagros como afirma Whitman? Yo pienso que sí. Ahora, sobre qué es la poesía, ésa es ciertamente una pregunta tan difícil como qué es el tiempo o la vida. Una damisela le hizo esa misma pregunta a Amado Nervo y el vate, ni corto ni perezoso, se salió del paso diciendo: "Poesía eres tú". Pienso que mi definición personal de la poesía está en mis libros. Aunque no cabe duda de que la poesía altera los arquetipos al brindar a los lectores una herramienta capaz de modificar la realidad. Como siempre, Wilde lo decía de una forma más elegante: "La naturaleza imita al arte". Recordemos al gran poeta que una vez dijo "luz" y eso bastó para separar las tinieblas.
Algunos de tus poemas evocan la serie de "Los huéspedes secretos", de Manuel del Cabral. Obviamente, los temas de lo cósmico, del génesis y la relación con Dios, son de factura universal. Sin embargo, me pregunto si de alguna manera te influyó el Maestro, y en general, ¿cuáles son los autores por los que sientes más atracción?
Las influencias. Ah, hay que hablar en susurros. Son inevitables. Las palabras, los conceptos, las curvas melódicas, las asociaciones, nos llegan de segunda mano; tienen la huella de otros que nos han ayudado a ver la realidad de cierta manera y a los que debemos agradecer. Te puedo decir que descubrí la poesía con Rubén Darío. "Sus aires suaves, sus pausados giros", encendieron una llama en mi alma de adolescente que aún perdura. Whitman me mostró que la poesía está en todas partes y sobre todo en ti mismo, Borges con (un) rigor a lo Quevedo nos recordó que los grandes conceptos no son ajenos a los poetas. Hay otros, Avilés Blonda y su gusto por los infinitivos, Franklin Mieses y su musicalidad arrebatadora. En cuanto al Maestro Del Cabral me apena decirte que lo conozco poco, lo que pienso remediar muy pronto. La creación, lo cósmico, son conceptos que atraen irremediablemente a todos los poetas, y confieso que me halaga que encuentres puntos en común entre nosotros.
Una vez me comentaste tu atracción por el tema de los vampiros y Drácula en especial. ¿Todavía conservas esos intereses o es simple diversión intelectual?
¡Los vampiros! ¿Te hablé de ellos una vez? Lo había olvidado. Es cierto que me fascinan, son los villanos perfectos. ¡Son atroces y no pueden remediarlo! Mira, en las viejas historietas de Superman existía un universo paralelo llamado "bizarro", donde todo tenía su contrario, en el sentido malo. Había un Superman bizarro de facciones toscas y defectos múltiples: era el lado oscuro del nuestro. A mí siempre se me ha antojado ver en Drácula una especie de Cristo bizarro. La sangre como vínculo entre seguidores (bebed, ésta es mi sangre) y la resurrección como premio inmediato, la inmortalidad de ambos, en uno como un premio (quien cree en mí vivirá eternamente), en el otro, una maldición; el canibalismo ritual de uno (comed, ésta es mi carne) y terriblemente cruento del otro. El día y la noche. Los corderos (que quitan los pecados del mundo) y los lobos (ah, las criaturas de la noche). El vicio y la virtud. En fin, el maniqueísmo perfecto.
Me llama la atención tu equilibrio entre la creación de tus poemarios o libretos de teatro como "1789, La Revolución Francesa" y "Opera merengue", y la producción de guiones para espectáculos populares como "Caribe, Caribe, Caribe", de Maridalia Hernández, y "Visa para un sueño", de Juan Luis Guerra. ¿Cómo se dio el proceso?
Mi colaboración con otros artistas comenzó con Juan Luis Guerra. En su primera presentación en Altos de Chavón, yo le hice unos comentarios sobre la palabra Ojalá y él se entusiasmó con la idea de un texto para introducir la canción "Ojalá que llueva café"; después tuve el placer de colaborar en el montaje del gran espectáculo que fue "Visa para un sueño". Luego trabajé con Maridalia, el gran caballo Johnny Ventura, Chichí Peralta, Carlos Veitía, Mercedita Morales, Víctor Ramírez y otros artistas de innegable talento y gran calidad humana; y siempre ha sido no sólo placentero sino enriquecedor para mí. Además creo que le hace bien a la poesía andar en mangas de camisa y bailar un buen merengue de vez en cuando.
Quisiera que me hables de tu última producción. ¿Me hablaste de una novela?
Efectivamente, estoy escribiendo una novela en torno a la dinámica de la migración a través de la frontera que nos separa de la República de Haití. Es una historia de política-ficción y se sitúa en un futuro cercano. La acción sucede en ambos países por lo que he tenido el placer de visitar Haití en varias ocasiones y de conocer mucha gente valiosa.
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Empecemos por tu amor por la poesía. ¿De dónde surge?
Indudablemente, de Rubén Darío. A través de sus libros descubrí la magia de las palabras. Aunque conocí antes a Galván. "Enriquillo" fue el primer libro (sin imágenes) que leí. Quedé maravillado con el poder del lenguaje para viajar por mundos imaginarios.
¿Nunca tuviste dudas entre dedicarte a la literatura como escritor o seguir una "profesión" (como si la otra no lo fuera, claro)? ¿Cómo manejaste tu decisión?
Nunca la he manejado con total seguridad. Tampoco creo que haya tomado decisión alguna. Me he dejado llevar por mis instintos de no-supervivencia para escribir. Es decir que si lo piensas mucho te dedicas mejor a la ingeniería o algo parecido. Pero escribir me hace sentir que estoy vivo y que tengo un lugar específico en el mundo.
¿Qué otra cosa hubieras hecho, si te hubieran obligado?
Me hubiera gustado ser piloto o quizás bombero.
El aire y el fuego, ¿eh?
El cielo y el infierno.
¡Me recuerda tus ideas sobre los vampiros!
¿Otra vez? ¡No me tientes!
¿Es tentación hablar de vampiros? ¿Por qué?
Es una idea muy atrayente, quizás porque es algo prohibido.
¿Qué es prohibido? ¿Sentirse atraído por los vampiros?
Es una representación del Mal en su mejor sentido religioso. Una imagen de tentación en el sentido del pecado, un universo de perversa sensualidad.
¿Y tú crees que existen?
Creo que el vampiro es sólo un símbolo de algunos de los demonios interiores del hombre. Los encontramos en casi todas las culturas.
Entonces se puede decir que tus inquietudes giran en torno a lo espiritual, al concepto de identidad y a lo social. ¿Me equivoco?
En absoluto. No soy un creyente de los espíritus de la noche... Me interesan los símbolos.
Volviendo al tema de "Desde las islas", ¿qué piensas ahora de nosotros como pueblo en constante dinámica migratoria y de flujo de cambios e influencias? Ser dominicano en estos días ya no es una simple conjunción de tres orígenes continentales, ¿no crees?
Es importante saber quiénes somos. Vale para una persona y vale para un pueblo.
Es indudable que la definición de lo que es una sociedad trasciende la simple
descripción de sus orígenes. Pero una reflexión sobre el pasado colectivo es
indispensable para comprender el presente y decidir nuestro futuro.
Pienso que ha faltado esa reflexión en nuestro país.
Nos conformamos con conceptos románticos alejados de la realidad.
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