Flagellum Dei
Detrás de estas palabras que narran, con ese narrar pudoroso de los versos, la saga de un pueblo arrastrado por su vertiginoso destino y la de un hombre que fuera rey y ahora es polvo, se responden los ecos de esperanzas que no nos son del todo extrañas; de nostalgias que antes fueron de otros y ahora, en cierta indecifrable manera, también son nuestros. (JCM)
Flagellum Dei fue galardonado con el premio SIBONEY de poesia 1985 y fue publicado por la Editora Taller, bajo los cuidados del Poeta Freddy Gatón Arce. Las ilustraciones interiores son del pintor dominicano Roberto Martínez; la portada de Evelyne Grimaud-Mieses.
ATILA REX
Eras de polvo
Y te creías de bronce porque a tu paso,
despavorido
el viento agonizaba.
Eras
sólo uno más
bajo la blanca y pasajera luna.
Lo ignorabas entonces en la humareda de las hordas,
cuando en tus ojos ardían las ruinas
y nacían los desiertos
y pensabas que el mundo,
rey,
era tu espejo.
Tu pensabas celeste
porque estallaba el aire
cuando los pies del potro se hundían con rabia
en el agua de los caminos
y las nubes crujían
cuando el casco veloz
sobre los charcos pisoteaba el cielo.
Te pensabas celeste
porque esparcías volcanes bajo la luna
sin ninguna piedad
para las inútiles tardes de la primavera.
Porque
bajo la sombra fiel de los dragones
tus ojos eran los ojos de la muerte,
que despiden y nombran
como los epitafios.
Porque
las altas nubes salpicaban tus botas
y bajo tus huellas anidaba el miedo.
Te pensabas celeste
porque eras vertiginoso trueno
y de tus dedos nacían los senderos;
(Los pensabas tuyos
pero fueron de otros antes de ti
y de otros antes de aquellos y de otros...
"Chuni in Alanos
Alani in Gothos
Gothi in Taifalos et Sarmantas...")
Porque
ahuyentabas la yerba
con el temblor de tus ejércitos
(manadas desbocadas y pesadilla del Poniente).
Porque
de tus anchos dominios
no conoció nadie limites ni nombres
y sólo tu potro,
rey,
fue la frontera.
Te pensabas
Flagelo de la Divinidad
Y sin embargo
como lo era tu sueño
era ilusión también la luna.
(Como lo fue la espera y lo fue el viento.)
Ignorabas
en tus gritos de guerra,
en tus quimeras,
que ya era viejo el mundo
cuando a orillas del agua jugabas con las sombras
y te soñabas como eres ahora.
Te pensabas celeste
porque el mundo esperaba una señal del rey
y de tu mano
podían crecer rugidos
como crecientes del deshielo
que anegarían los siglos de los siglos.
Porque
como tormenta
te podías desatar sobre la tierra
y eras un viento fuerte con armaduras
que borraba fronteras y promesas.
Todo eso era cierto, pero también lo fueron
tus tempranas miradas hacia el Este
donde estaba tu casa
y el agua ilimitada del Danubio.
Porque también tú,
rey,
te irías una mañana,
como la niebla de los valles
bajo una iluminada primavera.
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LA MAÑANA MÁGICA
Pero,
silencio,
Roma a cruzado el Mincio;
desde tus sedas imperiales la contemplas.
Roma lejos de Roma
y sólo para verte,
rey;
no es riqueza que cabe en tus alforjas.
¿Es tu tierra enemiga?
La voz del visitante
dejó que la pregunta se perdiera en el viento.
(La enemiga tierra del Ocaso,
habían dicho los magos
en su lengua de huesos y cenizas.)
Pronto reposarás en ella
con tus lobos, tus hierros, tus caballos;
en ella junto dormiremos;
ésta es tu tierra,
rey,
la mía, la nuestra, dijo la voz.
(Palabras de León bajo la tienda.)
los jinetes pasarán
y los incendios,
nuestros cuerpos serán lecho de inviernos
y estas palabras morirán
y así como nosotros moriremos
pero otro reino grande nos espera.
(En la penumbra de las sedas
la palabra era luz.)
Lo que tenemos
No lo puedes tener,
Si no te es dado con amor;
Es riqueza de invisibles oros,
raro metal dormido en nuestras almas;
es
reino de otro mundo
y es mío
y es nuestro,
dijo la voz,
y es de todos
si es que todos lo quieren.
(Palabras del León.)
Sé vencer a los hombres,
pero un León un Lobo
han sabido vencer al conquistador,
piensas
mientras esperas que se pierdan los ecos
de los cascos que se alejan.
(La palabra del León era de piedra dura
como Roma;
la del Lobo,
dulce como las frutas del verano.)
Afuera espera tu caballo,
inmóvil
como un kurgan de la llanura;
pronto te llevará hacia la última frontera
detrás del tiempo.
Tú,
que habías vencido a tantos...
ha llegado el momento del retorno,
de descansar en un rumor de abetos,
de ver temblar tu casa
entre las ondas
mientras te sueña el agua pasajera.
En tu silencio,
sospechas que tal vez no hay retornos,
(nunca los hubo,
rey,
nunca los hubo),
sospechas que también éste es un sueño
como los otros.
El Lobo y el León te han atrapado.
Dirás adiós al Tíber
y seguirás por el sendero
que termina en el norte.
Pronto serás tan sólo un nombre,
Una maldición más de las estepas.
Ahora,
sabes que la ceniza es cierta
como el agua,
y tú
que ignoras lo que es el miedo,
tiemblas
porque sabes que el sueño ha terminado;
sabes
que el futuro, a veces, es parte del pasado;
sabes
que ser feliz es poco o demasiado
cuando se es rey;
sabes también que es tarde
y el rumor de los bosques
te recuerda a los que murieron bajo tu furia sagitaria.
En la abierta llanura quedaron las palabras.
A lo lejos
atónitos testigos
contemplaron las dos altas siluetas
alejarse en la mañana.
Los que habrán de llegar
en el futuro
de las grandes ciudades de piedra,
presentirán quizás el resoplido
de vagabundos lobos
que husmearon los vestigios de otras lunas,
pero no encontrarán las ruinas de este instante.
Sólo el silencio lo evocará
en el asombro de sus ojos.
Fue hermosa esa mañana:
piedra y río
juntos
y alrededor,
el mundo.
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EPITAFIO AL REY
Arde ya la madera de los cedros y los abedules.
Tu casa
que era bosques y nieves
se transforma en ligeras esencias y volutas.
Se consume en las cosas tu presencia
que soledades últimas abruman.
Te despiden las llamas,
Rey.
La inevitable espada te ha vencido.
Ahora podrás dormir,
has aprendido que sólo el polvo es inmortal,
que la ceniza es legajo de amarguras.
Hasta el oscuro lecho
te siguieron esclavos, doncellas y caballos.
No quedaron testigos de tu cuerpo
al volver a la tierra;
sólo las piedras compartirán tus sueños,
sólo las piedras, rey,
serán cómplices de tu silencio.
Has perdido esta guerra.
el inmisericorde rumor de abismos
ha llegado a su fin.
Descansa en paz.
Has traspasado los umbrales del fuego;
lo que miras
lo ves por vez primera
y por última,
rey;
así es y será
y ha sido desde siempre.
No habrá segunda vez para el recuerdo,
ni para la dulzura o la nostalgia,
porque bajo tu sombra se alejaba el amor
y la ternura
y la yerba palidecía y secaba bajo tus pasos
y las llamas te seguirán y la agonía
más allá de la muerte,
Atila
Rex
Flagellum
Dei.
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