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Gaia



Rapsodia en torno a un tema de Eric Lindegren, Gaia obtuvo el Premio Pedro Henríquez Ureña de Poesía 1991 y fue publicado en 1992 por la Dirección de Publicaciones de la UNPHU en Santo Domingo de Guzmán, República Dominicana.

Luna

I
NO LUNA QUE ILUMINA DANZAS
de cambiantes siluetas,
compartida en el dormir
y en las visiones.
No la lánguida gota casi ausente y opaca
en los inviernos
y apenas encendida en las praderas.

Oh eco de helados resplandores

No ilusión de los magos,
ni centinela de forestas.

No la irreal y blanca de las tardes,
apenas si mirado parche de encajes,
apenas si cenicienta.

No la trasnochada
en la radiante aurora de las mañanas de placer,
ni aquella que se esconde entre raíces
de dormidas arboledas.

No luna que enumera presagios
y es heraldo callado de la muerte.
No ésta la sin color,
la translúcida,
la blanquecina,
la sin remordimiento,
la de largas planicies de plata,
la que es nublado y tambaleante fanal en las tormentas.

No la que despunta claros en las dunas
y desnuda tinieblas,
y enloquece de frío y de azul
a los perros y a los vigías.

No la villana pródiga de locuras,
ni la que brilla como moneda nueva
y el horizonte abarca
como una vela inmensa que late bajo el cielo.

No la pálida,
la intrusa,
la solitaria y bella,
la que es botón y es flor
y es pequeño dracma enterrado a medias en la arena.

No la peregrina,
la tenaz,
la sin fortuna,
la redonda,
la débil llamarada,
la simplemente luna.)

II

ES MI LUNA LUNA DE UNA NOCHE
clara
como flor que nace,
y tardía
como un alba de insomnes.

Luna
como fruta dulce,
y solitaria
como el estar de la muerte.

Luna
como pájaro que tiembla de frío
dentro del alma.

No lasciva,
no hermosa mensajera
sino fragancia,
espiral de salitre,
beso que estalla inopinadamente en la mejilla,
mano que se levanta
y dice adiós,
adiós en móviles alturas
en tanto espero
a quien hace los contornos parpadear
mientras se devanecen en siluetas,
mientras pasan rubores sobre el parque
y el mar sueña sus lejanías
y sus caracolas.

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Luna de Alfred de Musset

CRECE LA NOCHE
crece.
La adusta iglesia
adormece murmurados tesoros.

Es mi luna
prosódica
al invocar Musset.
Luminoso punto encima de tu nombre.
C'était dans la nuit
Siempre es la noche el mejor momento
para la espera.
Para dejar que el insomnio
devore las ilusiones,
las sombras del corazón.

Para mirar como declina
brune
lenta
la cúpula de estrellas
de este a oeste siempre
y
en esta oscura ruta de Dios
redescubrir la Creación
el gris inalcanzable,
la vía luminosa
sur le clocher jauni
y los destellos
de milagros lejanamente dispersos,
la lune
el mejor momento
para que el bronce viejo de los templos
espante las palomas,
los beatos borrachos de ingenua fe
y de secretos ritos.

Las imágenes del sueño se borrarán
con la implacable luz de la mañana,
pero no los resabios de la pena,
no la imagen de un farol insomne en la negrura,
no la penumbra de una faz
que lentamente se hunde en el pasado
como un bosque que calla bajo el invierno,
no el adiós de los mares
que ahoga la bruma...
Mientras,
más allá de gramáticas tontas
y de promesas,
brilla en tus ojos
comme un point
la luna
sur un
i.

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OBERTURA



EN EL PRINCIPIO ERA EL PLASMA,
la inmensidad,
los resplandores que giraban en las sombras,
las elipses
que absurdamente disipaban el cosmos.

Porque antes del dolor
hubo el latido de la creación,
el devenir sereno,
irreprochable del azar,
el ardiente sangrar de los volcanes,
el crecer y el declinar de las hogueras,
la certeza del término algún día.

Y hubo espirales de fuego,
apagados meteoros,
soledades sin límites ni cauces,
vagos despojos condenados a órbitas inútiles.

Oh cautelosa voz de pulsares arcanos

Anillos y lunas que vagaban en la profundidad,
callados asteroides
prisioneros en fronteras de luces
y silencios.

Porque antes de la muerte
hubo un largo caer de escombros
en una hondura de tinieblas
y hubo el abismo de inacabables lados
todos de sombra,
todos.

Hubo furores de estrellas
en la suave curvatura del espacio
y un crecer de linderos invisibles
todos desconocidos,
todos...
e inalcanzables.

Oh vano desplomar de los peñascos

Oscuros universos
hambrientos insaciables de calor
y de caminos,
coléricas novas que devoraban la distancia
y su otra dimensión:
el tiempo.

Oh llamas
Oh simiente de soles

Hubo la oscuridad
toda llena de vértigos y lejanías,
océanos de fuego
en donde aun laten
y se retuercen los planetas.

Porque no tiene límites el devenir,
ni los tiene el milagro.

Faltaba aun que un nuevo mundo despertara,
la Vida:
ola de carne dolorosa y breve,
infinito más arduo y más arcano
que el espacio
y el tiempo.

Eras parte de una desnuda inmensidad,
de un gran vacío,
de portales abiertos al misterio.

Oh ecuación que deshace los ropajes del caos

Faltaban aun la prueba de la soledad,
de la quietud,
de la espera.

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