Desde las Islas
Desde las Islas, Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén, fue publicado en Quintana Roo, México, por el Instituto Quintanarroecense de la Cultura en 2001, con un diseño editorial al cuidado del escritor y poeta mexicano Antonio Leal.
MIENTRAS LAS OLAS...
Nosotros...
¿Quiénes somos nosotros?
¿Dónde comienza el lejano sonido
que envuelve en escamas el viento,
en latidos las olas,
en velámenes negros la silueta de los pájaros marinos,
en atávicas naves
el flotar de los pelícanos del litoral?
¿En qué olvidada tarde
los alisios cesaron de soplar desde el pasado?
¿En qué impreciso instante
la aguja de marear se alejó de su estrella
para marcar un norte insospechado?
¿Cuáles giros de lunas
alumbraron la noche y sus delirios
aquel primer verano?
¿En cuáles lejanías
las naos marcan aún su rumbo ultramarino,
y el surco de la quilla
aun no se cierra?
Nosotros...
¿Cómo deletrear esa nueva palabra tan antigua?
¿Con cuáles tintes de lejano reino
se habrá de escribir en siglos venideros?
¿Con qué canto de aliento en caracola
o de corneta
se aúlla?
¿Sobre qué arena
o tela
o pliegue de otro mundo
se escribe?
¿Con qué signos oscuros
como el agua de un río o el flujo de los mares
dibujará sus ámbitos el tiempo?
¿Con qué sangre de ave
o de reptil
o tintura de la buscada china
se cifra en caracteres?
¿Desde cuándo nosotros?
¿Dónde hubo que comenzar
el lento ascenso que aún perdura?
¿En qué lugar del alma
se inserta el metal del guerrero?
¿En qué arena de isla se borraron sus pasos?
¿En qué perfecta línea de horizonte
se susurró por vez primera?
¿En cuáles litorales
jamás violados por mascarón de proa,
ladridos y relinchos de bestias temerosas
proclamaron su arribo?
¿En qué llanos de polvo
sendero de manadas,
final de los caminos,
se perdieron sus huellas?
¿En qué puerto de ría
la pleamar lamió sus corazones?
¿En qué selva lejana
sin porvenir de dichas
Sin malicia para vencer al hombre diferente,
sin instinto para prever el oro,
para prever el perro,
el vientre del bajel bajo las olas,
el horizonte circular del agua,
la desaparición de la foresta bajo un crecido azul
que nunca se termina
se pudren sus verdades?
¿En cuál de sus vocales
se repite la clave de la agreste colina,
de la piedra desnuda,
del sendero de cantos que una vez fuera un río?
¿Cuáles acentos guardan el secreto
del perfil de los vientos,
del malva del poniente en las bahías,
del bogar de las yolas al caer la tarde,
del mirar de los niños
hacia el gris de la lluvia que se acerca?
¿En qué murmullo de guijarro
se sugieren sus ansias?
¿En cuál hueco de calabaza
se recogen sus sílabas agrestes?
¿En qué lienzo de impalpables colores
se aturden sus sentidos?
¿En qué tranquilas aguas
las algas revelaron los lindes del misterio?
¿Qué bandadas de aves
cruzaron los contornos del migratorio cielo
cuando sus letras
en el Caribe
se agrupaban?
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VIENTO DE PALOS
Más allá de Moguer,
desde el lejano umbral de la Olivela,
desde la infancia y el pasado siempre,
el viento.
El viento desde las atalayas con sus voces de aurora
donde tañen las miserias del hombre,
donde tañe su gloria.
Oh despertar del día
Tercamente contra las velas
con su olor de mañanas amarradas al puerto
y amanecer de fuegos
cuando el sol se despeña desde el cielo.
El viento desde senderos
que fatigas tiradas por las bestias
dibujan en el suelo,
y donde el hombre crece paso a paso
y paso a paso muere,
como un molino,
como una fragua...
El viento desde constelaciones en lo alto
Oh lejanas esferas donde rielan los astros
Desde el girar del cielo
y de la tierra,
y ese punto constante que en la noche nos mira.
El viento desde el mármol tallado con amor
y el cincel que lo muerde
y lo desnuda.
Desde el domo del mar
bajo la bruma
y bajo un mismo cielo,
con el sol a babor al mediodía
y la imantada aguja siempre al norte,
el viento.
Desde tifones con órbitas de incienso,
y espejismos de bosques ataviados de especias
donde murallas cierran los confines de mundo
en silencios que guardan mil jinetes de barro,
y gusanos de plata entretejen diademas con reflejos de estrellas,
el viento.
Y en las quebradas donde el agua se pierde
al final de los ámbitos del cielo,
en la ira del dragón,
el calor de su aliento,
la luz de sus escamas...
Siguen girando los astros.
El abismo se lanza hacia adelante,
el vértigo de las constelaciones despierta los terrores
y arriba,
irremediable contra el mañana,
como un sueño que no cupo en los mapas,
como una mano
que señala la incertidumbre del poniente,
el viento, el viento.
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ODA AL NUEVO MUNDO
Fragmentos
Y esa secreta pena
cuando ululan los barcos en el puerto.
Esa mirada ciega hacia la noche
sin saberlo.
Ese querer ser ave que pasa rozando la tersura del río
mientras la tarde se deshace.
Esos dioses que laten en las piedras pulidas con manos de las islas.
Ese tronco podrido donde van las abejas.
Ese árbol que conoce la tierra
y que conoce el cielo
y sabe que es lo mismo.
Esa verde pendiente donde resbalan los helechos.
Ese arroyo que canta las verdades del agua
y las del fuego
y sabe que es lo mismo.
Ese viento que habla todas las lenguas del mundo
con palabras viejas
y lo que dice es cierto siempre...
Son ellos,
eres tú,
somos nosotros.
Esos pequeños sueños hechos de barro
y de palmeras,
de inclinados sembradíos y lloviznas,
del calor de otro cuerpo para aliviar la carne.
Esos sueños con aromas de frutas podridas en el suelo,
de tierra humedecida en los pantanos.
Esos sueños de lianas
y de especias,
frágiles como chozas
como nubes en las tardes azules
o espuma de las olas.
Esos sueños que tornan verde claro
las lluvias del otoño
en los pantanos,
y se llenan de luciérnagas al anochecer
cuando cantan las ranas
a la lluvia que llega de repente,
y se adormece el sol y el arrozal lo arrulla.
Esos sueños tranquilos
que se deslizan sobre los torrentes
y tienen el perfume de la tierra
después del aguacero...
Son ellas,
eres tú,
Somos nosotros.
Esa olvidada tumba entre arrozales
donde el verde solloza.
Esa piedra esculpida en el coral
donde sueñan sin fin las caracolas.
Ese tañer tan triste que nos narra
lo corto de los días.
Esos siglos contados con mazorcas y espigas,
con carretas de caña,
con bueyes condenados al yunque hasta que mueren,
con hombres condenados al yunque
hasta que mueren,
con aceros que marcan el asno y el esclavo,
con látigos sobre el sudor cansado
y con puertas cerradas
para el hijo nacido en el conuco
entre cantos de pájaros y olor a cabra vieja...
Eres tú,
soy yo,
Somos nosotros.
Esta isla que es como otro barco
lleno de polizontes
y velámenes en forma de palmeras
y cavernas para morir de miedo y hambre
y soledad
como incesante noche sin estrellas.
Ese gemir con destellos de oro,
ese llanto de azúcar,
aquel barco que calla encadenado,
esa cruz que solloza,
esa herida de Dios que sangra en un costado,
esa oración que nadie escucha,
esa bestia que muere,
la otra bestia que sufre,
ese animal desnudo, encomendado...
Son ellos,
eres tú,
somos nosotros.
Y este mundo tan grande,
ese mar que se derrama noche y día,
ese bosque con orillas de arena,
ese vuelo de aves en las sendas del viento,
esos túneles bajo el mundo donde el sol nunca canta,
ese metal de fuego donde habitan demonios,
ese Dios con espinas
que los hombres mataron hace tiempo
y que aún respira...
Eres tú,
soy yo,
somos nosotros.
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