El soldado (Cuento)

Había perdido en la guerra brazos y piernas. Y allí estaba, colocado dentro de una bolsa con sólo la cabeza fuera. Los del hospital para veteranos le compadecían, mientras él, en su bolsa, pendía del techo y oscilaba como un péndulo medidor de tragedias. Pidió que lo declarasen muerto y su familia recibió, un mal día, el telegrama del Army: "Sargento James Tracy, Viet-Nam. Murió en combate". El padre lloró amargamente y pensó para sí: "Hubiera yo preferido parirlo sin brazos ni piernas; así jamás habría tenido que ir a un campo de batalla".



El Universo por Encargo (proto-poema para villanos)

Introito - (fragmentos)

(Cierta vez, en un barrio llamado Villa Francisca se entablaron en cruda discusión dos venduteras. La primera cayó aplastada por los insultos de su oponente. La segunda, como era Semana Santa, recogió del suelo los insultos que no dieron en el blanco y pidió a Dios que se los cambiara por agua bendita y quinielas de la Lotería Nacional. Entonces, comenzó a llover, y la vendutera muerta resucitó entre el griterío de las marchantas.
Yo me dije: algún día alguien escribirá sobre esto, pero no lo hice; por lo tanto esta historia nada tiene que ver con los poemas pero como es graciosamente bonita la puse en mi balcón de palabras para que los viejos amigos del recuerdo pudiesen nuevamente verla y volver a mirar al través del barrio.)


IX

Papío Bodden decía que la historia es redonda
y se repite.
Un buen día el viento del parral en Galilea se amorató de uvas.
Un mal día (el mismo día) el viento del guayabo en Puerto Plata,
se llenó de hormigas y perfumes.
Cruzando hacia otra tierra Remigio Pérez se cayó en la olla,
su ratoncita lo siente y lo llora;
tal pasó con Scévola, se tragó los papeles de la conjura y
dejó quemar su mano. Un sacrificio infame.
Paco Escribano, allí, en el cine Julia, se burlaba del pueblo,
cero invasión decía.
Julio César, cómico de la legua, se dejaba matar, hasta tú bruto.
La historia es tan pequeña y redondeada que hubo césares
y cómicos unidos en lucha sindical con la palabra.
No me digáis, no pretendáis, el tiempo nace aquí como en París.
Tiene un origen mismo y fantasioso.
estopa en el cañón, zas, disparas y matas,
nada más. Alguien, encargando universos, nos vigila.

X

El tanque de guerra avanza,
de pronto los dos niños de pancita negra,
aquí en Villa Francisca -los hijos de Gabriela-
debajo de la oruga. Oh milagro. El tanque se detiene
saca dos tetas blancas, con estrellas de almidón comprimido y las mete en las bocas de ambas ánimas.
Oh tanque amamantando.
Oh tanque, cuánto te necesita el universo,
Oh tú, querido tanque, ¿sabe tu leche a pólvora?
Leche de los caminos, invento de la ONU,
Leche-aceite 4O, Premium proteinizada, sin plomo,
emulsión flatulenta pero es leche.
Oh, el inventor, traedlo, condecoradlo acaso.
Maternal artefacto.
Pero suena el cohete, el semen enemigo,
la bazuca se dice, la voz de lo contrario
y el tanque cae herido y se desploma
deja da amamantar lo aplasta todo.

XI

Las mariposas son sumamente putas.
Hacen el amor miles de veces en setenta y dos horas.
Son dueñas de la seda y como se sabe vuelan de flor en flor.
Mi maestra Albertina , año 2894, nos dice que la mariposa
es un alma en pena.
Mi maestra Albertina, año 1235, nos dice que la mariposa
es simbólica.
Tomo en cualquier época la ramita y las destruyo.
Tomo sus alas y las pego en mi álbum de mariposas. Desamo las mariposas.
Somos unos niños malos y la maestra nos da reglazos en las manos.
Tomo las alas y las pego tejiéndolas en el papel para una novia.
Albertina revisa nuestros cuadernos llenos de mariposas
pegadas con almidón de yuca.
Y revisa las calles de Villa cubiertas con sus alas.
Alfombra glamorosa.
Nuestros padres vienen a la escuelita
en donde la maestra, mirándolos, nos acusa.
Como castigo hemos bebido aceite de ricino, buches de purga,
hemos inaugurado diarreas impredecibles.
Hemos cagado el barrio.
Las mariposas siguen pasando en junio sobre Villa Francisca y
hay luto porque el mes de San Juan es mes de muertos.
He aquí que una inigualada mariposa negra entra casa por casa.
Todos la matan porque da la fiebre. Trae mala suerte.
La maestra la persigue con su escoba.
Yo no la mataría, es tan grande y tan bella que merece vivir.

Santo Domingo, año sacro de 1993

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